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9 enseñanzas de los tiempos que vivimos

Han pasado casi 3 meses desde el inicio del confinamiento por el Covid-19 y se ha iniciado la desescalada de manera gradual y diferente por Comunidades Autónomas.
 
La historia de la humanidad está repleta de crisis en todas las épocas y de todo tipo, ya sean financieras (Lehman Brothers, 2008), nucleares (Chernobyl, 1986), militares (Ruanda, 1994), desastres naturales como terremotos (Haití, 2010) o tsunamis (Sudeste asiático, 2004), atentados (World Trade Center, 2001) o epidemias (Ébola, 2014), y así podríamos continuar por las diferentes épocas del pasado.

El problema es que tenemos muy poca memoria histórica. Como se suele decir, «la historia no sirve para nada, pero el que no sabe de historia no sabe de nada».

Hoy me gustaría dejar algunas enseñanzas de esta crisis que bien se podrían aplicar a otras épocas de la historia.


1. AHORRO E INGRESOS PASIVOS. Riqueza no es lo que ganas; riqueza es lo que conservas.

Si ingresas mucho, pero gastas igual (o más endeudándote) tu riqueza es cero (o negativa). El ahorro cumple su función y 'nos salva' cuando aparecen momentos difíciles, y existe precisamente para eso, para solventar esos periodos con soltura. El ahorro es necesario, porque siempre aparecen imprevistos: enfermedades, accidentes, dificultades, falta de cobros, o lo que sea. Como señala Warren Buffett: «No ahorres lo que te queda después de gastar; gasta lo que te quede después de ahorrar». Además, no sólo hay que tener ahorros (que se pueden agotar si hay que tirar de ellos) sino que más inteligente es tener activos que generen ingresos pasivos (que no dependan del trabajo y la presencia física). Un activo es algo que pone dinero en tu bolsillo; un pasivo es algo que saca dinero de tu bolsillo. Los activos te dan de comer si dejas de trabajar; los pasivos te comen si dejas de trabajar. El dinero es importante, porque en esta vida, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, todo es dinero. En cierta ocasión, el cantante y actor Dharmesh Yelande, decía: «Para mí el dinero no importa mucho, aunque voy a confesar que en un momento dado sí que me importó mucho, debido probablemente a que no tenía mucho dinero».


2. CREATIVIDAD. Lo importante no es tener respuestas, sino la capacidad de inventarlas.

Donde hay un problema, hay una solución. Un problema que no tiene solución no es un problema. Mucha gente que se dedica a dar formación / conferencias y otros profesionales se echaban las manos a la cabeza sobre cómo iban a desempeñar su actividad. Poco a poco, sin embargo, se han ido desarrollando fórmulas para adaptarse a la situación y así poder seguir desempeñando la actividad, y a medida que pase el tiempo las soluciones irán mejorando. No queda otra. La creatividad está incrustada en la naturaleza humana y es infinita. El ser humano cuando quiere algo, se pone en marcha el SAR (Sistema de Activación Reticular) para descubrir la solución. La creatividad se alimenta de curiosidad. En realidad, eso es lo único que hace falta, porque la curiosidad lleva a preguntar, observar, investigar y trastear hasta dar con la tecla. Ya lo decía Albert Einstein, personaje incluido en Aprendiendo de los mejores 2 (Alienta, 6ª edición) y Premio Nobel de Física: «No tengo talentos especiales, pero sí soy profundamente curioso». Quien busca, siempre encuentra, sólo es cuestión de tiempo hallar una solución. 


3. CAMBIO. Si no cambias, es probable que termines allí donde te diriges.

La frustración procede de no aceptar la realidad. Claro está, que cuando se tiene velocidad de crucero, a uno le gustaría que las cosas continuasen como eran. Pero si la realidad cambia, uno está obligado a cambiar con ella o se queda atrás. El precio de hacer lo mismo siempre es mayor que el precio del cambio, aunque a corto plazo sea más placentero porque el cambio asusta, duele y lleva tiempo. Lo que evitas se pospone, y habitualmente, con mayor dolor. El éxito consiste en admitir la responsabilidad y luego responsabilizarse. Todo lo demás es una forma segura de seguir con un problema. Todos nos sentimos inclinados a la negación cuando la verdad es demasiado incómoda. La aceptación siempre es una liberación, porque sólo lo que aceptamos lo podemos transformar.


4. REINVENCIÓN. Reinventarse no es cambiar de profesión como quien cambia cromos. 

Reinventarse, como todo, es posible, pero no es automático. Reinventarse es un proceso, y como todo proceso, exige constancia y tiempo. Reinventarse no consiste en cambiar el cargo de la tarjeta de visita ni en variar simplemente nuestro titular en LinkedIn. Reinventarse exige aprender nuevas competencias, habilidades y actitudes. Reinventarse, como todo lo que merece la pena, lleva esfuerzo, resiliencia y paciencia. La reinvención se logra cuando el mercado te reconoce (hay clientes recurrentes). Pero no acaba ahí, la reinvención nunca termina: si te relajas, pierdes.


5. ADVERSIDAD. En la vida todos nos movemos por dos fuerzas: inspiración o desesperación. Anthony Robbins.

Yo diría que en más del 90% de los casos nos movemos por 'desesperación'. En el ser humano hay una tendencia grande a la inercia, la rutina y lo cómodo. Siempre es más fácil ser cobarde que ser valiente. Por eso, muchas veces la mejor alternativa es no tener alternativas, porque entonces ya sólo queda tirar para delante. Hace unos días en una entrevista a Juan Margenat, fundador de Marfeel, plataforma para medios digitales, le preguntaban:
— ¿La pandemia ha acelerado el proceso de digitalización?
Y contestaba:
— La crisis del coronavirus lo ha cambiado todo. El paso del offline al online ha sido radical: mucha gente que no se planteaba comprar por Internet lo hace ahora, los que no tenían reuniones en remoto están conectados todo el día… Y me temo que muchos de estos cambios han llegado para quedarse: habrá menos viajes, menos espacio de oficinas y crecimiento fuerte del comercio online.
Como se suele decir: «Jamás desaproveches una buena crisis».


6. PROBLEMAS. La riqueza se logra resolviendo problemas.

Aristóteles Onasiss, Ari, el magnate griego de la industria naviera del siglo XX, decía: «Debemos liberarnos de la esperanza de que algún día el mar esté calmado. Hay que aprender a navegar con vientos fuertes». Quienes aspiran a conquistar cotas altas no pueden esperar a que la vida sea fácil. Nunca lo es. En los comienzos, es la dificultad para abrir puertas, generar marca, convencer al mercado y hacerse un nombre. Luego, cuando eso ocurre, la capacidad para mantener esa posición ventajosa en el mercado, o los problemas con la administración, o con la justicia, o la huelga de proveedores, o las necesidades de reestructuración de la empresa, o los engaños de los socios o cualquier otra cosa que se nos ocurra, como una pandemia. Problemas, problemas y más problemas. Y curiosamente lo que la mayor parte de la gente no quiere son problemas. Para ello es esencial aprender a mirar la realidad cara a cara. Sólo desde esa postura se puede encontrar una solución. Negar la realidad u ocultar los problemas no los resuelve. Y en todo el proceso es clave mantener la calma y la serenidad para poder pensar con claridad y actuar con eficacia.


7. ACTITUD. La actitud que tomes con la vida es la que la vida tomará contigo.

Las personas de éxito no son infalibles pero sí saben interpretar todo lo que les ocurre de manera positiva. Cómo interpretas, afrontas y reaccionas a todo lo que te sucede, especialmente los momentos difíciles (fracaso, derrota, error, adversidad...), es un buen indicador de tu potencial y va a determinar en buena medida la altura de tu éxito. Como escribimos en Tu futuro es HOY (Alienta, 6ª edición): «El éxito comienza siempre con tu actitud». La vida no es de color de rosa, pero puedes convertir cualquier circunstancia en una fuente de aprendizaje si tienes la actitud correcta. Nuestra actitud es una de las pocas cosas sobre las que tenemos control, así que merece la pena que sea la adecuada. Una actitud es una respuesta, se elige.


8. PENSAR. Pensar es el trabajo más difícil que existe. Quizás por sea esa la razón por la que hay tan pocas personas que lo practiquen. Henry Ford.

Hace algunas semanas dejaba en mi cuenta de Instagram la siguiente reflexión: Las personas que más valor aportan dedican tiempo en sus agendas a pensar y así poder re-ajustar, re-diseñar, re-enfocar, re-estructurar y re-orientar con sentido. Dedicar tiempo a pensar te hace ganar claridad, y con esa claridad es más fácil hacer mejor las cosas. Y el tiempo de confinamiento ha sido un buen momento para ello. Como ya hemos comentado otras veces, Ferran Adrià, cinco veces mejor restaurante del mundo, personaje incluido en el volumen 1 de Aprendiendo de los mejores (Alienta, 19ª edición) decía: «En los paréntesis crece la innovación. Parar, pensar, planear... Y después producir». El Bulli sólo abría 6 meses al año y cerraba otros 6 meses: ¿Fue quizás ese uno de sus secretos? ¿Quizás gracias a esos paréntesis anuales su restaurante llegó donde llegó? Durante esos meses no estaban tumbados a la bartola, sino estudiando, viajando y absorbiendo inputs para ganar perspectiva. La perspectiva la da la distancia, y haciendo y haciendo y haciendo... no es posible lograr esa perspectiva y claridad que son claves para el éxito.
 


9. GRATITUD. El único estado mental que te permite atraer mejores cosas es la gratitud.

Decía Maya Angelou en cierta ocasión: «He aprendido que puedes decir mucho de una persona por la manera en la que se comporta en estas tres situaciones: un día lluvioso, equipaje perdido y las luces de navidad enredadas». Y nosotros añadiríamos una cuarta: una pandemia. En la vida no siempre todo marcha como a uno le gustaría, y ahí es dónde sale a la luz la auténtica naturaleza humana. La gestión de la adversidad y los momentos difíciles, con serenidad o desconcierto e ingratitud, desvelan quiénes somos. El emperador y filósofo Marco Aurelio en sus Meditaciones nos deja una interesante reflexión: «No sueñes con las cosas que no tienes, más bien reconoce las bendiciones de las cosas que sí posees. Luego, recuerda agradecido cómo estarías de ansioso si tus posesiones no fueran tuyas». Una cosa es que algo no sea de nuestro agrado, y otra olvidar todo lo que tenemos a nuestro alcance, que es mucho. Vivir en España es de auténticos privilegiados. Ningún país es perfecto (como ningún trabajo, pareja, ni nada...) pero basta conocer ciertas realidades internacionales para saber que en España es uno de los países con mejor calidad de vida: infraestructuras, sistema sanitario, comida, playas, temperaturas, carácter y otras muchas cosas más. Con frecuencia somos adictos a la queja. Todos nos podemos quejar de algo. No hay que negar los problemas pero es importante no negar lo bueno que hay en nuestra vida. Cuando alimentas la gratitud, desactivas la negatividad de tu vida. La gratitud es en sí misma una forma de abundancia. Un día entrevistando a uno de los supervivientes del accidente aéreo de la Cordillera de Los Andes en 1972 que dio lugar a la película ¡Viven! (1993), le preguntaba que es lo más importante que había aprendido de aquel episodio. Y me decía: «La primera experiencia que aprendimos de aquella tragedia es que en la vida uno siempre puede estar peor, por eso hay que ser agradecido con lo que se tiene. Se puede vivir con tan poco que sorprende que vayamos por la vida quejándonos de lo poco tenemos y lo mucho que nos falta. En realidad, si nos fijamos, tenemos muchísimo. Nos sobra». La gratitud es clave para el éxito y la felicidad.  
 
 

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