La vida son decisiones. Todo son decisiones. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos estamos tomando decisiones, tanto en lo personal como en lo profesional. Y cada decisión que tomamos, por acción u omisión, va configurando silenciosamente nuestro destino. O como apunta Tony Robbins, uno de los personajes incluidos en Aprendiendo de los mejores (Alienta, 32° edición), apunta:
«Son tus decisiones, no tus condiciones, las que determinan tu destino».
Todos, cada vez que decidimos algo queremos acertar y minimizar el riesgo de equivocarnos, ya sea al lanzar un producto, un proyecto, una empresa, comprar un piso, encontrar pareja o cualquier otra cosa. Es cierto que la mayor parte de las decisiones que tomamos, si nos equivocamos nos permiten pivotar, retroceder o enmendar los errores (aunque no siempre), pero con frecuencia el coste de oportunidad es demasiado elevado. Hay decisiones que salen demasiado caras.
Por tanto, aprender a tomar buenas decisiones, no es sólo una cuestión de carrera profesional sino de bienestar personal. Pero, ¿de qué depende una buena toma de decisiones? Pues diríamos que responde a la siguiente ecuación:
Buena DECISIÓN = Buena INFORMACIÓN + Buen ANÁLISIS
• Buena INFORMACIÓN: la información es la base de todo, ya sea en una reunión, negociación, proyecto, venta o compra. Por eso se dice que la información es poder, y por eso también la información privilegiada vale oro. Y la base de una buena información es estudiar, investigar y cultivar los contactos. Tu mayor enemigo es la pereza. Lo fácil es tomar decisiones con lo primero que nos llega y cae encima de la mesa. La perecitis siempre quiere coger el camino facilón, y el ser humano es perezoso por naturaleza. La clave está en echar horas para conseguir la máxima información y de calidad. No te precipites antes de tiempo. Estar al tanto de lo que ocurre en el mercado, las tendencias y por dónde van los tiros no es fruto de la casualidad sino de dedicar tiempo y tener acceso a la gente adecuada.
Además, en tiempos de infoxicación (intoxicación por exceso de información) como los que vivimos, la curación de contenidos es una herramienta crítica porque nos ahorra tiempo, energía, burocracia y problemas. Una buena información allana el camino para la toma de buenas decisiones.
• Buen ANÁLISIS: la información son datos (números), la clave está en el análisis que hacemos de la misma. La capacidad analítica es una de las virtudes más importantes para la vida, en general, y para el mundo de la empresa, en particular, ya que cualquier aspecto (financiero, marketing, recursos humanos…) se presenta en forma de datos y esos datos hay que transformarlos en conocimiento útil. La capacidad analítica se adquiere leyendo mucho, observando mucho, escuchando mucho, haciendo y haciéndose preguntas y en general siendo una persona muy curiosa, que desarrolla una sensibilidad (intuición) fruto de la acumulación de conocimiento y experiencia que le permite distinguir el grano de la paja
Acudir a mentores, asesores o consultores (siempre que sean solventes y con credibilidad) también puede ser de gran ayuda. No hay que olvidar que un mentor es aquella persona que ha recorrido aquel camino a nosotros nos gustaría recorrer, y por tanto es un anticipador de la realidad (problemas, conflictos, engaños, desilusiones…) que nos podemos encontrar y que no teníamos en cuenta.
En definitiva, y como apuntaba el escritor Graham Brown:
«La vida se trata de decisiones. Algunas de las cuales lamentamos, otras de las cuales estamos orgullosos. Algunas nos perseguirán por siempre. El mensaje: somos lo que elegimos ser».
* El próximo 29 de octubre sale a la venta un nuevo Calendario de Aprendiendo de los mejores (Alienta), con nuevas citas, temáticas y autores para encontrar inspiración en e día a día de manera breve, ágil y fresca. Ya en preventa aquí.