Cualquier persona que se dedique a temas de desarrollo personal sabe que gran parte de las limitaciones que impiden a las personas avanzar en la vida no son 'externas' sino 'internas'. Creencias limitantes, miedos o inseguridades hacen que mucha gente brillante no brille, y su potencialidad quede diluida.
Entre todos estos factores hay uno que cada vez cobra más relevancia, debido a que vivimos en un entorno donde todo el mundo tiene más exposición y visibilidad con motivo de las redes sociales (Instagram, Tik Tok, Youtube…) en el que casi todo se somete a escrutinio público.
Ese factor no es otro que el FOPO (Fear Of People's Opinions), o lo que es lo mismo, el miedo paralizante a lo que los demás piensan de nosotros, a la crítica, a los haters… y que en última instancia se manifieste en que las personas huyen de retos, responsabilidades, ascensos, adoptando una posición de anonimato, de ser uno más, de pasar desapercibido y no armar mucho ruido, para no tener que enfrentarse al juicio (valoración) social.
Una de las personas que más ha estudiado este tema es Michael Gervais, autor del libro The First Rule of Mastery: Stop Worrying about What People Think of You (disponible en español como Lo que piensan los demás está de más), que ha trabajado con atletas de élite y donde explica como el FOPO afecta de manera acusada al rendimiento de las personas y a la confianza en sí mismas.
Este miedo, según Gervais, «actúa como un mecanismo anticipatorio. Las personas escanean su entorno en busca de aprobación y tratan de evitar cualquier posible rechazo». Esto genera un estado de hiperalerta social que representa un gran desgaste emocional y mental y lleva a renunciar a posibilidades profesionales y personales por no tener que soportar el juicio ajeno, además de dejar de actuar con autenticidad y más por cómo creemos que nos percibirán los demás. Como él mismo subraya «este hábito consume una gran energía que podría invertirse en tareas productivas o en la toma de decisiones coherentes con los propios valores».
Aunque el FOPO no es algo nuevo, hoy día −como apuntábamos líneas atrás− las redes sociales agravan el problema. Al depender de los likes y comentarios como termómetro de validación, los usuarios acaban modificando su conducta para agradar al algoritmo y a su audiencia, convirtiendo las interacciones digitales en una fuente de estrés y comparación.
¿Qué podemos hacer entonces? ¿Qué herramientas tenemos para gestionarlo? Apuntamos algunas ideas para que el FOPO no nos arrincone y nos haga sentir pequeños:
· PROPÓSITO. Según Gervais, una de las claves para gestionar el FOPO «está en redefinir el punto de referencia: en lugar de preguntarse '¿me aceptan?', deberíamos pensar '¿soy fiel a mi propósito?'». Es una cuestión de vital importancia porque en cierto modo 'nos va la vida en ello'. Identificar un propósito y comprometerse con él otorga la confianza suficiente para hacer frente a todas las contrariedades que antes o después aparecerán, y seguro que no pocas. Y lo más importante, ayuda a fluir más y a ser más felices.
Cuando estás alineado con tu propósito, la energía va hacia donde importa y no a cuestiones menores que aportan poco o sobre las que no podemos hacer nada. En el artículo 10 claves para una empresa (vida) con propósitoprofundizábamos en ello. Viktor Frankl siempre apuntaba: «No hay nada que capacite tanto a una persona a sobreponerse a las dificultades externas y a las limitaciones internas como la consciencia de tener una tarea en la vida».
· ENTORNO. Contar con entornos que nos proporcionan seguridad y estabilidad emocional, que nos arropan y protegen, es algo esencial en épocas de tormenta y temporal. Los 'refugios afectivos' son un bálsamo en tiempos de terremotos emocionales. Amigos, familia, parejas, partners… nos ayudan a mantener nuestro centro sin venirnos abajo. Los entornos impulsan o reprimen, ensalzan o hunden, de ahí la importancia de tener personas a nuestro alrededor que sumen y nos aporten confianza y bienestar.
A veces para cambiar de vida, basta cambiar de entorno. Nuestro entorno determina en gran medida la altura de nuestro éxito. Nuestro entorno determina en gran medida nuestro retorno. Estar rodeado de personas estimulantes, positivas e impulsoras es una de las mejores cosas que le pueden ocurrir a una persona (ver artículo Los 3 tipos de relación con la gente).
· CRÍTICAS. Las críticas son aire. Sólo pueden hacerte daño si tú lo permites. Como decía Neale Donald Walsch: «Mientras te preocupe lo que otros piensen de ti, les perteneces». No eres libre. Eres un esclavo atado de pies y manos. También Wayne W. Dyer, uno de los personajes de Aprendiendo de los mejores (Alienta, 33° edición), afirmaba: «La necesidad de aprobación de los demás equivale a decir, lo que tú piensas de mí es más importante que lo que yo pienso de mí mismo».
El que destaca y saca los pies del tiesto siempre tiene que enfrentarse a dos realidades: la crítica y la envidia. Por este motivo, hace algún tiempo escribimos el artículo Gestión de las críticas: aspecto crítico para tener éxito y ser feliz, en el que desgranábamos algunos puntos para hacer frente a ello, ya que cualquier persona que despliegue las alas, antes o después, tiene que gestionar la presión del entorno por parte de terceras partes. Saberlo por anticipado ya es un primer paso para que no nos pille de improviso y tener herramientas para gestionarlo.
En definitiva, el FOPO (Fear Of People's Opinions) junto al FOMO (Fear Of Missing Out) y al JOMO (Joy Of Missing Out) no son sino síntomas de la hiperconectividad y exposición social en la que vivimos donde la necesidad de compararse y ser más que los demás producen un agotamiento físico, mental y emocional que hay que equilibrar para encontrar el bienestar que nos permita avanzar y crecer con menor ansiedad y más estabilidad.
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